Desde que recorro estos caminos, inevitablemente también me siento a sus mesas — en albergues, bodegas, pequeñas cocinas alejadas de la ruta principal. Lo que encontrarás aquí no son críticas gastronómicas en el sentido clásico, sino notas personales: lo que comí, lo que bebí y las anécdotas que lo acompañaron.
Estos textos surgen con independencia de invitaciones o colaboraciones. Si algún negocio quisiera invitarme, decido con libertad — según la distancia, el momento y si encaja. La valoración en sí no se ve afectada por ello: una visita pagada o invitada no convierte una experiencia honesta en una opinión comprada.
Cuando de ahí surja algo más que un artículo aislado — una colaboración editorial más amplia, por ejemplo —, lo hablamos abiertamente, y mis honorarios bajan en consecuencia. Ambas partes salen ganando, y nadie tiene que preguntarse si aquí se pagó en lugar de informar.